Por lo tanto vamos a dejar a un lado los mitos y tabúes que existen acerca del trabajo en positivo, vamos a dejar a un lado aquellas  “comidillas de barrio” en las que se comenta que el educador canino en positivo es un utópico, un hippie que vive en una comuna y no ve más allá de lo que quiere ver, una persona que no es capaz de ver la realidad. Un educador canino en positivo es un profesional  formado y cualificado que aplica esta forma de pensar  y de vivir a su trabajo, es un innovador de las formas de trabajo que se han llevado hasta el día de hoy con los perros, el implantador del término educación canina en la sociedad actual como mecanismo de concienciación ampliando así el abanico que hasta hace bien poco existía, un abanico que siempre acababa en la palabra “adiestramiento” pensando que esto era el remedio para todo lo relacionado con el perro.

Aquellos que trabajamos en positivo sabemos y somos conscientes de que la aplicación del 100% positivo en todos los aspectos de la vida diaria es imposible, no podemos controlar todo el contexto que nos rodea y no todo el contexto es 100% positivo desde un punto de vista puramente teórico y por supuesto como humanos no somos perfectos, pero no por esto desistimos de trabajar para que este porcentaje sea el mayor posible en nuestro día a día. Ir en contra de la naturaleza es darse cabezazos contra la pared y pensar que solo existe lo positivo es antinatural, no hay positivo si no existe lo negativo, no hay un sí sin un no, no existe el mal sin el bien, esto es algo obvio. Pero todo esto no quiere decir que las cosas no se puedan realizar mucho mejor de lo que se realizan en muchas ocasiones, y sabemos que no somos dioses para acercarnos a la perfección pero sí que el ser humano puede dar mucho más de sí en su relación con los perros. Las técnicas de educación canina han avanzado mucho a lo largo de los años desde Paulov hasta nuestros días y cada minuto que pasa se avanza más hacia una mejor comunicación y mayor cuidado de los detalles que hacen una convivencia mejor.

El término positivo es algo que debería de ser innecesario, no deberíamos de tener que denominarnos “en positivo”, hacer las cosas de manera profesional y adecuada desde el respeto es trabajar en positivo y es triste tener que recalcar algo que tendría que ser lo más normal, pero por desgracia el ser humano en su relación con el perro siempre ha tendido durante la historia escrita hasta día de hoy más a una relación de sometimiento que a una convivencia dentro de la comunicación entre especies.

El trabajo en positivo no es algo nuevo, su base es la misma que hasta el día de hoy se ha estudiado, la base de todo comportamiento, la teoría del aprendizaje. La diferencia es que hasta hace poco se usaba más la parte relacionada con los estímulos aversivos a la hora de aprender, era una base de trabajo muy evolucionada en algunos aspectos pero también muy pobre en otros aspectos importantes en la relación hombre-perro.  En el trabajo en positivo se usa más la parte relacionada con los estímulos apetitivos, es así de fácil, lo que antes se enseñaba en su mayor parte por evitación del castigo por parte del perro ahora se enseña con refuerzo positivo, lo que antes se enseñaba con refuerzo negativo ahora se enseña con omisión y el porcentaje ha variado sustancialmente, ahora trabajamos en el lado apetitivo y se obtienen iguales o mejores resultados que en el otro lado, porque no solo se busca el resultado a nivel respuesta sino también se busca un resultado ético y respetuoso donde la comunicación sea la vía de trabajo. Porque el fin no siempre justifica los medios.

La educación canina en positivo por supuesto comienza siempre en uno mismo y nuestro trabajo de concienciación hacia el ciudadano es fundamental. Educar en positivo no es solo educar al perro sino educar en conocimientos al propietario. Realmente un perro en una obediencia básica ya sabe hacer todo lo que se le va a pedir luego, sabe sentarse, tumbarse, estarse quieto, venir,  andar a tu lado, etc., todas estas acciones son acciones que nuestro perro hace a menudo y solo hemos de enseñarle a cuando ha de realizarlas y el porqué de tener que realizarlas cuando su propietario se lo dice. Por lo tanto a quien hay que enseñar a ser un buen maestro de su perro para que este haga caso a estas acciones es al propietario. Por supuesto una educación no consiste solo en una “obediencia básica” y por el contrario va mucho más allá, un perro bien educado es aquel al que se le ha enseñado a jugar adecuadamente con otros perros y personas, aquel al que se le ha enseñado a respetar las normas de una sociedad de humanos no por imposición sino por el beneficio mutuo del respeto de estas normas para el propietario y el perro.

La temprana educación en un perro por lo tanto es algo fundamental. Sin olvidarnos de la teoría hemos de ser conscientes de que el periodo de socialización del perro abarca hasta los 3 meses de edad y por lo tanto este periodo es importantísimo para implantar una buena base en la educación. Acabamos aquí con el mito de que a un perro es mejor educarlo cuando cumple un año de edad, esto no es cierto, todos los perros por supuesto aprende a todas las edades pero ¿porqué hemos perdido un año de su educación y dejado pasar por alto periodos fundamentales en el crecimiento del perro que van a ser vitales en su comportamiento futuro? , en general esto se ha hecho y se hace por meras cuestiones o bien de desinformación al respecto o bien por puro marketing empresarial ya que el aprendizaje usado en muchas ocasiones hasta el día de hoy es en ocasiones por evitación de castigo y a un cachorro no se le puede someter a este aprendizaje por cuestiones obvias.

Por otra parte hay un cambio generacional como en todas las facetas de la vida importante, un cambio de concienciación en la sociedad que hace que esta profesión esté en auge. Incluso hoy en día se pueden ver programas televisivos en todo el mundo sobre la educación canina en plan reality show. Pero la educación canina no es un programa televisivo, no se hace en 20, 30, ni en 50 minutos. Cuando me preguntan cuánto tiempo he tardado en educar a mi perro siempre respondo lo mismo, la edad que tiene cada uno de mis perros, porque esto es un trabajo de convivencia diaria, de por vida, no un trabajo de unas cuantas sesiones, de ahí la importancia de educar al propietario para que éste pueda seguir con la base que se le enseñe el camino de la convivencia solo, de la mejor manera posible.

En resumen, la educación canina es un trabajo que ha de realizar un profesional adecuado para ello, que ha de centrarse en la educación temprana y la formación del propietario canino como base de su trabajo y que se ha de ejercer con mecanismos de aprendizaje positivos basados en las técnicas adecuadas a cada caso, a cada perro, a cada propietario y a cada contexto individualmente